domingo, 18 de diciembre de 2011



No me gusta pesar,
pesar importancias, pensar felicidad.

Hay que mantener la cabeza bien fría, hay que ser objetivos.

¿Ser o hacer?

Una promesa no vale nada, una expectativa crea desilusión.
La tristeza hierve y a la vez enfría. Todo ocurre en distintos puntos, no es difícil entenderlo una vez que se ha vivido. Como la sensación que deja un encuentro, y los olores que se impregnan en la piel y son absorbidos por un simple deseo. No querer darse cuenta es débil, pero ¿Quién es fuerte en estos días? ¿Acaso queda algún valiente?

Puedo reconocer un sentimiento, pero saber qué hacer con él es una cosa distinta.
¿Conoces el enojo?
¿Conoces el amor?
¿Conoces la impotencia?
¿Conoces el vacío?
¿Conoces la felicidad?
Agrega algunos recuerdos y obtienes tristeza, o en su defecto carne de gallina.

¿Recuerdas ese día en que tu vida cambió?
¿Recuerdas el miedo?
¿Has sentido el placer de romper una barrera?
¿Cuál es el aroma más reciente en tus recuerdos?
¿Cuál el más recurrente?


Bepa Cicerone

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